EL TAMBO
NARIÑO
INSTITUCION
EDUCATIVA JESUS NAZARENO
CLAUDIA YAZAR CANCIMANCE MENA

fotosíntesis (del griego antiguo φῶς-φωτός [fos-fotós], ‘luz’, y σύνθεσις
[sýnthesis], ‘composición’, ’síntesis’) o función clorofílica es la conversión
de materia inorgánica en materia orgánica gracias a la energía que aporta la
luz. En este proceso la energía lumínica se transforma en energía química
estable, siendo el adenosín trifosfato (ATP) la primera molécula en la que
queda almacenada esta energía química. Con posterioridad, el ATP se usa para
sintetizar moléculas orgánicas de mayor estabilidad. Además, se debe tener en
cuenta que la vida en nuestro planeta se mantiene fundamentalmente gracias a la
fotosíntesis que realizan las algas, en el medio acuático, y las plantas, en el
medio terrestre, que tienen la capacidad de sintetizar materia orgánica
(imprescindible para la constitución de los seres vivos) partiendo de la luz y
la materia inorgánica. De hecho, cada año los organismos fotosintetizadores
fijan en forma de materia orgánica en torno a 100 000 millones de toneladas de
carbono.
Los orgánulos
citoplasmáticos encargados de la realización de la fotosíntesis son los
cloroplastos, unas estructuras polimorfas y de color verde (esta coloración es
debida a la presencia del pigmento clorofila) propias de las células vegetales.
En el interior de estos orgánulos se halla una cámara que contiene un medio
interno llamado estroma, que alberga diversos componentes, entre los que cabe
destacar enzimas encargadas de la transformación del dióxido de carbono en
materia orgánica y unos sáculos aplastados denominados tilacoides o lamelas,
cuya membrana contiene pigmentos fotosintéticos. En términos medios, una célula
foliar tiene entre cincuenta y sesenta cloroplastos en su interior.
Los organismos que
tienen la capacidad de llevar a cabo la fotosíntesis son llamados
fotoautótrofos (otra nomenclatura posible es la de autótrofos, pero se debe
tener en cuenta que bajo esta denominación también se engloban aquellas
bacterias que realizan la quimiosíntesis) y fijan el CO2 atmosférico. En la
actualidad se diferencian dos tipos de procesos fotosintéticos, que son la
fotosíntesis oxigénica y la fotosíntesis anoxigénica. La primera de las
modalidades es la propia de las plantas superiores, las algas y las
cianobacterias, donde el dador de electrones es el agua y, como consecuencia,
se desprende oxígeno. Mientras que la segunda, también conocida con el nombre
de fotosíntesis bacteriana, la realizan las bacterias purpúreas y verdes del
azufre, en las que el dador de electrones es el sulfuro de hidrógeno, y
consecuentemente, el elemento químico liberado no será oxígeno sino azufre, que
puede ser acumulado en el interior de la bacteria, o en su defecto, expulsado
al agua.